Síntomas de la hernia cervical y cuándo se necesita cirugía
Cuando una hernia discal cervical comprime una raíz nerviosa, puede causar dolor que irradia al brazo, molestias, pérdida de sensibilidad y debilidad; los osteofitos que se forman alrededor de los discos degenerados también pueden aumentar la presión sobre el nervio y la médula. El primer enfoque suele ser no quirúrgico: la medicación, la tracción cervical, los ejercicios que fortalecen la musculatura del cuello, la fisioterapia y, en casos seleccionados, las inyecciones de corticoides/anestésico local alivian a un grupo importante de pacientes. La decisión de operar pasa a primer plano cuando estas opciones aportan un alivio insuficiente o cuando aparecen debilidad en el brazo, entumecimiento progresivo o hallazgos que sugieren compresión medular. Como el cuello es una región crítica por la que pasa la médula espinal, la planificación técnica adquiere especial importancia cuando los hallazgos neurológicos progresan.
Discectomía cervical anterior (abordaje anterior)
Uno de los métodos más frecuentes en la cirugía de la hernia cervical es la discectomía cervical anterior. En esta operación, a través de una incisión cutánea en la parte anterior del cuello, se retiran el disco herniado y, si es necesario, los osteofitos que comprimen el nervio/la médula. Tras retirar el disco, para rellenar el espacio entre las dos vértebras y estabilizar el nivel, pueden usarse una caja (PEEK rellena de hueso, fibra de carbono o titanio), un injerto óseo y, cuando es necesario, una placa metálica fijada con tornillos. Otra opción es una prótesis de disco, que busca preservar la movilidad del cuello. Qué método se usa se determina según el nivel, la localización de la hernia y la necesidad de estabilidad de la columna; no se aplica el mismo procedimiento a toda hernia cervical.
¿Endoscopia o microcirugía? El verdadero criterio es la anatomía
En la hernia cervical, la elección de la técnica se hace no por «lo pequeña que es la incisión», sino por la localización y el nivel de la compresión nerviosa y el objetivo quirúrgico. La cirugía endoscópica cervical puede ofrecer una ventaja, con un acceso más limitado, en algunos casos seleccionados. La microcirugía, por su parte, es un estándar moderno fiable, controlado y de amplio espectro de indicación desde hace muchos años: no es un «método antiguo». La técnica correcta la determina la anatomía: el mejor abordaje es el que permite al cirujano llegar al paciente de la forma más segura y eficaz. Por ello, la decisión se toma en un proceso en el que se evalúan juntos el tipo y el nivel de la compresión en la resonancia y los hallazgos de la exploración, y no según la moda.
¿A quién conviene y a quién no?
La cirugía pasa a primer plano en pacientes con dolor, entumecimiento o debilidad marcados que irradian al brazo, compresión clara de la raíz o de la médula en la resonancia y respuesta insuficiente al tratamiento conservador. Si bien las hernias de un solo nivel, bien localizadas y sin problema de inestabilidad pueden, en algunos casos, ser aptas para procedimientos más limitados, las situaciones que afectan a varios niveles, con osteofitos marcados o estenosis del canal asociada, o que requieren estabilización de la columna, pueden exigir una fusión con caja/placa o una cirugía más amplia. La decisión se individualiza para cada paciente. El objetivo principal de la cirugía es aliviar las estructuras nerviosas y medulares comprimidas, eliminar o reducir el dolor y detener el deterioro del cuadro neurológico actual.
Recuperación y seguimiento
La recuperación tras la cirugía de la hernia cervical varía según la técnica y el procedimiento realizado. El dolor que irradia al brazo disminuye notablemente en el periodo inicial en la mayoría de los pacientes; la velocidad de recuperación neurológica depende de cuánto tiempo estuvieron comprimidos el nervio o la médula. En casos de compresión de larga evolución, síntomas como el entumecimiento pueden persistir un tiempo tras la cirugía; la pérdida de fuerza puede recuperarse por completo o mejorar con el tiempo mediante fisioterapia y rehabilitación. El regreso al trabajo y a la vida diaria se planifica de forma individual. Se sabe que fumar afecta negativamente a la recuperación y al éxito de la fusión; por ello, dejar de fumar antes y después de la cirugía contribuye a la curación.
Riesgos y posibles complicaciones
Como toda cirugía, la cirugía de la hernia cervical tiene sus propios riesgos, que se hablan uno a uno durante el proceso de consentimiento informado. Entre los riesgos quirúrgicos generales están los riesgos anestésicos, el sangrado, la infección y, rara vez, una lesión del nervio/de la médula. Entre los riesgos propios del abordaje anterior figuran la ronquera temporal o, rara vez, permanente (por afectación del nervio laríngeo recurrente), la dificultad para tragar, problemas raros relacionados con la proximidad del esófago/la tráquea y la falta de consolidación de las vértebras (fracaso de la fusión). La caja, la placa o los tornillos colocados pueden, rara vez, aflojarse o desplazarse y requerir un procedimiento adicional. Además, algunos síntomas pueden reaparecer en el periodo inicial o tardío tras la cirugía. El verdadero significado de estas posibilidades es individual y se aclara mediante la exploración, las imágenes y la valoración.